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  • To: "ifardale" <ifardale@rhc.cu>
  • Subject: La CIA en el asesinato del Che (VI)
  • From: Pedro Martínez Pírez <pmpirez@rhc.cu>
  • Date: Tue, 10 Oct 2006 17:10:14 -0400

 

 
 

EL PAPEL DE LA CIA EN EL ASESINATO DEL CHE.

SEXTA PARTE.

 

Froilán González y Adys Cupull.

 

                   
      Para los peritos argentinos encargados de la identificación  del Che, constituyó una sorpresa que en lugar del cadáver, se encontraron  con un recipiente  de  formol y en su interior   las manos del Guerrillero Heroico.
     Un hecho que hasta ese momento se había mantenido secreto, comenzó a develarse con fuerza. ¿Cuáles fueron las razones para que le cortaran las manos?. ¿Cuál fue el papel de la CIA en esta macabra decisión?.
       Los  comentarios, cada vez más fuertes,  de que el Che fue asesinado,  la  presencia de su hermano Roberto Guevara  en la capital boliviana y su pedido   de ver el cadáver,  así como un movimiento de médicos  bolivianos que exigían realizar  una autopsia imparcial y la solicitud de  ayuda a sus colegas latinoamericanos, colocó al alto mando militar boliviano y a la estación de la CIA en La Paz, en un grave dilema.
       Debido a la  demora del equipo de los peritos argentinos para proceder a la identificación, se ordenó que le cortaran las manos y la cabeza y el resto del cuerpo incinerado.  Con relación a la orden de esta decisión hay varias versiones:   El agente de la CIA Félix Rodríguez  dijo que la  tomó el General Alfredo Ovando,  Arnaldo Saucedo Parada, Jefe de la Inteligencia de la VIII División,  escribió que  Toto Quintanilla del Ministerio del Interior,  recibió las  órdenes del Ministro  Antonio Arguedas; y este último  declaró que no se discutió en el Alto Mando Militar y  fue una decisión de los que se encontraban en el lugar de los hechos porque el cadáver exhibía disparos  y  por razones políticas habían inventado la frase: “Soy el Che, más valgo vivo que muerto”, resultaba demasiado increíble que un hombre con un balazo en el cuello y otro cerca del corazón estuviera hablando, esas fueron las causas por las que no pudieron exhibir el cadáver ante mucha gente. Agregó que como no estaba resuelto el problema de la identificación ante la ausencia de los peritos argentinos,  se decidió que le cortaran las manos, y  Toto Quintanilla le expresó que fueron los cubano‑norteamericanos, agentes de la CIA.  quiénes dieron esa orden.
       Algunas fuentes informaron la existencia de  un acuerdo entre Toto Quintanilla y los agentes de la CIA en Vallegrande, para hacer  aparecer como una orden superior. Según estas fuentes,   Toto Quintanilla, Saucedo Parada, los agentes de la CIA, Gustavo Villoldo Sampera  y Julio Gabriel García se reunieron para discutir la forma de cumplir la orden real o supuesta, pero  Zenteno Anaya,  decidió que solamente le cortaran las manos para los efectos de  identificación.
        Los agentes de la CIA insistieron que le cortaran la cabeza y la enviaran a los Estados Unidos para realizarle análisis de laboratorio. Para este fin convocaron a los doctores José Martínez Caso y Moisés Abraham Baptista, quienes  se opusieron alegando diferentes motivos. El doctor Martínez Caso se embriagó antes de la hora indicada y la inhumana tarea se la impusieron al doctor Moisés Abraham, ayudado por los agentes de la CIA y Toto Quintanilla.
       Concluido el  proceso,  trasladaron  el cadáver en un jeep hasta el cuartel del regimiento “Pando” en Vallegrande. Ya eran las dos de la madrugada del 11 de octubre.   Los militares tenían cuatro tanques de combustible para la incineración, pero no pudieron efectuarla por la cercanía del amanecer que no permitía el tiempo necesario para este proceso, también le temieron al alto grado de susceptibilidad que estos acontecimientos provocaban entre los pobladores de Vallegrande y a la presencia de periodistas y corresponsales extranjeros. Estos factores determinaron que fuera enterrado en la misma zanja que un tractor cavó para los demás guerrilleros. El cadáver del Che fue llevado por el coronel Andrés Sélich.
     Las  investigaciones históricas realizadas en Bolivia, entre los años de 1983 a 1987,   permitieron  recopilar documentos, fotos, objetos, informaciones  públicas y privadas; y los testimonios de varios de los militares que participaron en estos acontecimientos,  entre ellos, las de los  generales: Gary Prado Salmón, Mario Vargas Salinas y Arnaldo Saucedo Parada y de los coroneles: Miguel Ayoroa y Rubén Sánchez.  
        También obtuvimos las opiniones  del  Ministro de Relaciones Exteriores doctor Walter Guevara Arce; del doctor Mario Agramont, uno de los jefes de inteligencia en la IV División  y  los corresponsales de guerra. También entrevistamos al doctor Moisés Abraham, médico de Vallegrande a quien visitamos en la ciudad de Puebla, en México, lugar donde trabajaba. Nos  acompañó a ese encuentro   Zenén Buergo, funcionario diplomático cubano en ese país. Las conversaciones  con la viuda del General Zenteno Anaya y sus hijos Joaquín, Ximena y Álvaro, así como con  la viuda del doctor Martínez Caso, resultaron  de gran valor. 
    Las entrevistas con  ex‑agentes de la CIA,  aportaron sorprendentes revelaciones, así como el acceso a diferentes archivos, entre estos el del  General Joaquín Zenteno Anaya;  y  las  varias gavetas  de la CIA y de los Servicios de Inteligencia  del Ministerio del Interior de  Bolivia que permitieron ampliar las informaciones obtenidas. En este aspecto la ayuda de  Alfredo Quiñones fue determinante. 
      De igual importancia resultaron los  encuentros con el general Mario Vargas Salinas, especialmente el  realizado el 24 de marzo de 1984, con la presencia del Embajador Cubano en La Paz,  compañero Ángel Brugués. Vargas Salinas  confirmó y  amplió  las informaciones que  nos había dado, en el sentido de que el  Che Guevara no fue incinerado y se encontraba enterrado en Vallegrande a un costado de la pista de aterrizaje, junto a otros compañeros,  y mostró su disposición para  visitar el lugar. 
       De gran estimación consideramos los testimonios de personas relacionadas con  los hechos, entre ellos Carlos Cortés,  chofer del Coronel Andrés Selich, que  guió la volqueta en que trasladaron el cuerpo del Comandante Ernesto Guevara. Con él nos entrevistamos en La Paz, el 13 de marzo de 1984, y después en otras ocasiones en Vallegrande. 
   Estimamos de valor los encuentros con Isacc Meneses,  telegrafista de Barrientos y  del Ejército, quien confirmó que el Che no fue incinerado y que estaba enterrado en Vallegrande. También el testimonio de Desiderio Bonilla,  Juez Agrario de Vallegrande y entrevistado en esa ciudad el 30 de octubre de 1983.
        Una  verificadora información la suministró  una pareja de enamorados clandestinos.  Cerca del lugar donde enterraron al Che y otros guerrilleros, existía una rústica cabaña, utilizada por una señora que pastoreaba sus cabras y en determinadas ocasiones, alegando que se le hacía muy tarde  para llegar al pueblo, se refugiaba en ese lugar y pasaba la noche en compañía de su amor oculto.
     En el mes de junio de 1984, ella  y él narraron  de manera individual y en momentos diferentes,  que en la madrugada, en que enterraron al Che, estaban  en la cabaña y sintieron constantes ladridos de los perros,  temían que se tratara de ladrones de  cabras y se levantaron.
    En el más absoluto silencio y llenos de pánico, observaron, como en la zanja que un  tractor había cavado, lanzaron unos cadáveres y  comenzaron a llenar de tierra el lugar.  Después conocieron que el Che y los demás guerrilleros habían desaparecido y llegaron a la conclusión, que en ese lugar  fueron enterrados, pues al día siguiente observaron el movimiento de tierra.  Ocultaron lo que habían visto  para no divulgar la causa de su presencia en la cabaña   y ante   el temor  de que podían  matarlos.
      Durante  todo este proceso de investigación estimamos valiosas, las colaboraciones del doctor Gerardo Muñoz y su esposa Miriam Jiménez, residentes  en Vallegrande  y Mario Chavez y su familia  de  la ciudad de  Santa Cruz de la Sierra.
     Los testimoniantes, todos entrevistados por separado y de manera compartimentada,  coincidieron  en los datos investigados.  Al hacer el análisis de  esas y otras informaciones,   quedaron dos lugares como  probables del enterramiento. Así lo hicimos constar en el libro LA CIA CONTRA EL CHE, página 153, publicado en 1992 por la Editora Política y que recibió el Premio de la Crítica,  otorgado por la  Academia de Ciencias de Cuba. Al respecto escribimos: 
      "Las informaciones recopiladas dan dos lugares como probables de donde se encuentran enterrados: uno, en un terreno al fondo del dormitorio del regimiento “Pando”; el otro, a un costado de la pista de aterrizaje del aeropuerto de Vallegrande, a unos pocos metros del comienzo de la pista..."
     Durante esos  años de dedicación y trabajo intenso, recibimos el apoyo, experiencia, orientaciones  y  sugerencias  de varios  compañeros, que orientaron las mejores formas  científicas  para obtener  informaciones  de fuentes primarias, y directas, en el propio terreno de los hechos, incluyendo las secretas, consideradas de trascendental valor.    Entre ellos queremos mencionar a  Armando López Orta,  Homero Saker y Francisco García Madrigal.
    Una  mención especial  corresponde  a los compañeros Osvaldo Pollo y  Antonio Sánchez, que  visitaron   Vallegrande,  y realizaron un estudio de los lugares, donde podían estar  enterrados los guerrilleros. Ellos elaboraron mapas y croquis  acerca de estos puntos de interés.
    El Ejército boliviano mantuvo la versión oficial de que al Che lo incineraron y sus cenizas lanzadas a la selva,  la que estuvo vigente  hasta noviembre de 1995, cuando los medios informativos divulgaron que el Che estaba enterrado en Vallegrande, y comenzaron las excavaciones.
    El 23 de noviembre de ese año, se divulgó un comunicado por varios compañeros bolivianos, entre ellos Loyola Guzmán, Marlene Uriona, Mary Maimura, Esperanza Brutón, Antonio Peredo y Modesto Reynaga, donde plantearon que de confirmarse esas vesiones, reclamaban la agilización de los trámites para proceder a la exhumación.
      El 15 de diciembre de 1995, llegó a Vallegrande el doctor Jorge González Pérez, director del Instituto de Medicina Legal de Cuba, quien encabezó a  un grupo multidisciplinario de científicos cubanos, argentinos, italianos,  y bolivianos para llevar a cabo la busqueda de los restos  y su identificación.
   Después de un intenso trabajo, de estudios, verificaciones, análisis y excavaciones fueron  encontraron e identificados los restos del Che y sus compañeros. El 28 de junio de 1997  aparecieron  los primeros huesos humanos y el 3 de julio de ese año, el periódico Granma, dio una informión al pueblo, explicando los detalles.
     Habían pasado 30 años desde el asesinato del Guerrillero Heroico y  10  de nuestras investigaciones. Muchas cosas cambiaron en el lugar, pero los cubanos y sus amigos en todo el mundo  sabían que tarde o temprano  se haría realidad los versos de Nicolás Guillén, cuando dijo: NO VAN A IMPEDIR QUE TE ENCONTREMOS, CHE COMANDANTE, AMIGO.
 
 
Continuara.

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